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Ricardo Mollo y Rubén Patagonia recrearon en lengua mapuche el clásico de Divididos «Par mil»

Ricardo Mollo y Rubén Patagonia recrearon en lengua mapuche el clásico de Divididos «Par mil»

Este viernes se dio a conocer en redes sociales el video en el que el músico chubutense de ascendencia tehuelche Rubén Patagonia y el cantante de Ricardo Mollo interpretan el clásico de Divididos «Par mil», en lengua mapudungún. La versión acústica respeta el estilo con el que se concibió el tema, en 2000, para el disco Narigón del siglo, cuando Divididos estaba integrado por Mollo (voz y guitarra), Diego Arnedo (bajo) y Jorge Araujo (batería). La gran curiosidad de esta versión es que ha sido traducida a lengua mapuche.

«Par mil» es un tema muy especial por todo lo que transmite su letra, absolutamente simple, clara, concreta. Dice que la luz está dentro de uno y que nos hace camino mientras andamos. También, que es la espera del alba, quizá por eso entre sus versiones se encuentre una muy salsera, la que han hecho reclusos de un penal de Mendoza, agrupados en la banda Conducta Calle. Se llama «Par mil» porque refiere al nombre como se conoce a los reflectores de iluminación («tachos») de escenario más tradicionales y simples que con los años fueron reemplazados por iluminación más moderna, incluso de consumos menores a esos «mil» watts.

Qué hay de esa imagen en mi cielo. No creo ser tan importante. Camino mi propia luz. Y me siento un haz de luz. Claridad de propio ser. Luz, luz, luz del alma. Soy un hombre que espera el alba

«Par mil», Ricardo Mollo y Diego Arnedo

La versión que ahora llega, especialmente desde el canal de Youtube de Rubén Patagonia fue adaptada al mapudungún por Alex Paillalao y Jeremías Chauque (hijo de Rubén).

Un artista con historia

Nacido en Comodoro Rivadavia, en 1956, Rubén Patagonia se dedica a la música desde la década del ochenta, pero sus primeras apariciones en el mundo artístico fueron gracias a su aparición en La película del rey, de Carlos Sorín, en 1986. Al año siguiente tuvo una participación en La eterna sonrisa, protagonizada por Daniel Day Lewis, y también en otros títulos como De los Apeninos a los Andes (Italia, 1988), El navegante y los cóndores (Francia, 1989) y, en 2000, estuvo a las órdenes de Héctor Olivera para El camino.

Sin embargo, su actividad principal es la música. Con nueve discos publicados, Rubén se dedica a interpretar música de raíz folklórica, la mayoría de las veces abordada desde la temática de los pueblos originarios. Si bien su carrera fue reconocida por el Festival de Cosquín, cuando recibió el Premio Camin a la Trayectoria, supo encontrar a sus mejores aliados en la canción testimonial y rock, con artistas como León Gieco, Víctor Heredia, Vicentico y Flavio Cianciarullo, la Bersuit y Divididos.

Cutral-Co, su disco de 1998,fue la mejor muestra de ese camino que decidió emprender y que lo posicionó como uno de los grandes difusores de la música patagónica, de cara al nuevo milenio que estaba por comenzar.

«A veces la gente del folklore se pone incómoda por la reacción de los rockeros -cuenta-. Los chicos cantan nuestras canciones, saltan y hacen pogo. Y yo, a veces, me paso del grito, pero lo hago con sinceridad. De ahí también viene lo de ain kiñe getuan (que en mapuche quiere decir «volver a ser uno»)», contaba una tarde a LA NACION, de paso por Buenos Aires, cuando estaba por lanzar su disco Volver a ser uno.

Seguramente hoy se vea en su rostro -en el video que realizó con Mollo, sobre todo- el paso de los años, pero también la esencia de ese physique du rôle que lo llevó tanto al cine como a pararse sobre un escenario y ponerle rostro a las historias que quiso y quiere contar. En aquel Cutral Co, que si bien no fue su primer disco resulta un momento iniciático de su carrera, supo resumir un pensamiento a partir de canciones de Hugo Giménez Agüero, Luis Rosales, Rubén Baliño, Marcelo Berbel y Aníbal Forcada, quien le aportó un poema llamado «Más acá del Colorado», para definir a esa tierra vasta e interminable al Sur del Río Colorado. «Tierra que alarga el destino, para el que vive luchando / por mil razones de patria o por cuidar lo heredado / yo sé bien que hay una tierra, más acá del Colorado«.

El tema que le había dado nombre al disco Cutral Co (agua de fuego, significa en lengua mapudungún) fue una canción del músico y docente Sergio Castro. Estaba inspirado en aquellas puebladas con cortes de ruta de 1997, en Cutral Co y Plaza Huincul, en la provincia de Neuquén, y una represión policial que se cobró la vida de una joven de 24 años, Teresa Rodríguez.

«Pero está tan frío en Cutral Co, encima hay huelga y humedad (…) Me han contado que una vez, esta tierra floreció, primaveras de niñez, fertilidad, petróleo y pan; petróleo y paz», escribía Castro y cantaba Patagonia.

Formas musicales como el kaani y el loncomeo (extraído de un ritual mapuche). Canciones de la música popular criolla. Palabras en castellano y en mapudungún. Historias como la del cacique Yatel o del cerro Chaltén. Cantos para alejar el frío. Sentimientos y la desolación que queda luego de una pueblada. Todo eso en un disco que resumió un sentir, que puso en relieve la cultura de los pueblos ancestrales en el cierre del milenio.

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«Creo que la identidad se forja día a día, porque la Patagonia es receptora de gente que llega del Norte o de Chile en busca de trabajo -decía Rubén Patagonia, hace más de dos décadas-. Los límites impuestos con rayas son muy grandes, pero sobre todo eso está el hecho cultural. Tenemos que ‘Volver a ser uno’ porque creo que nos estamos olvidando del hombre en su esencia. Hablar de este tema hoy parece una utopía, pero creo que hay que trabajar sobre eso, para que la música no sea sólo un divertimento sino un hecho solidario para los que necesitan oportunidades que, a veces, la vida no les da».

Y ponía a su mensaje por encima de la música: «Es para volver a las raíces. Dentro de la cosmovisión mapuche, el respeto a los mayores y el cuidado de la madre tierra son cuestiones básicas. En realidad, lo son para todas los pueblos originarios. Hoy se estudia ecología, pero el hombre de la tierra lo viene haciendo desde hace miles de años. Volver a las raíces es creer en la palabra del hombre y en su dignidad».

Ricardo Mollo participó en la versión que Rubén Patagonia le propuso grabar en lengua mapudungún

En ese clima finisecular en el que Patagonia amplificaba su punto de vista, Divididos escribía canciones como «Par mil», que fue escrita hace dos décadas, pero mantiene la vigencia intacta.

Qué hay de esa imagen en mi infierno. Si ya fui roto a tomar aire. Caminaste por mis brazas. Me soñé en la oscuridad. Me estrellé contra mí. Luz, luz, luz del alma. Soy un hombre que espera el alba

«Par mil», Ricardo Mollo y Diego Arnedo

Por: Mauro Apicella para LN

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